sábado, 19 de septiembre de 2015

Por ti estoy así.
POR: SANDRA GUADALUPE 

Mi nombre es Daniel y soy una alcohólico anónimo… no es cierto ja no sé cómo presentarme, la verdad es que tengo múltiples personalidades y no se bien quien o que soy, pero quiero descubrirlo, y para ello les contare mi historia.
Era la única alma a la una de mañana, caminando bajo la lluvia en la calle más peligrosa de esta ciudad, según la señora chismosa de la cafetería. Caminaba con un paso en el que mi abuela mi hubiera rebasado, escuchando sex on fire y mi mente divagaba el siguiente lugar al que iría, mientras pensaba en esto, escuche el sonido de siempre antes de llegar a mi hotel y esta vez, en vez de seguir caminando, me atreví a ver qué diablos era. 
Me adentre al callejón obscuro que apestaba a casa de mi tío John, escuche de nuevo el sonido, mi piel se erizo, dude si seguir o no, pero mi curiosidad hacia que avanzara, de pronto sentí el concreto en mi cara, por un momento sentí que desaparecí, analice donde estaba, me pare de un tiro y corrí, pero me detuve a ver qué había pasado, gire, y si, era un tonto, había tropezado con un hoyo en el piso y mis nervios de niñita se imaginaron mil y un cosas de lo que había pasado  menos eso, me reí y me adentre de nuevo en el callejón ya sin miedo, llegue al final y no había nada excepto una caja, fui directo a ella y la abrí, para mi sorpresa era un estúpido gato viejo atorado y con una pata mala, su chillido era lo que siempre escuchaba y me di cuenta que odiaba ese sonido. Por un momento pensé que me había hablado pero sabía que eso no podía ser posible, era el golpe de la cabeza. Tome la caja, le pegue una de mis calcomanías y salí del callejón, vi una casa gigante, de esas donde viven dos tipos de gente, la primera, pueden ser trabajadores y la segunda ladrones, esa teoría es lo que siempre he pensado, decidí dejar la caja, toque el timbre y corrí como crío haciendo una travesura, me quede en la esquina espiando haber que pasaba, salió una señor vestido de pingüino, no hablo literal, iba de traje, se veía que era el mayordomo o algo así, abrió la caja y lo vio, alzo la vista y miro por ambos lados, tomó al gato y entro a la casa. Bien, misión cumplida y obra del día.
Llegue a mi hotel, vi la hora, dos de la mañana, era tarde y quería dormir. Entre al hotel y salude a mi amiga la recepcionista, que llevaba una de mis estampas en su bolso, pero esta no me saludo, me quede por un momento parado y analizando porque no me saludaba si siempre lo hacía, pensé que había tenido un mal día así que continúe mi viaje a mi habitación. Llegue y me quería acostar pero tenía un malestar en mi cara, fui al baño me mire al espejo, y esperen, ¡no me veía! Que estaba pasando, ¿acaso era una broma? Quería quitar  el espejo pero este no se movía, mis manos lo atravesaban, salí del baño corriendo y gritando pero nadie salía ¿qué estaba ocurriendo? Quise golpear las puertas pero a todas las atravesaba, y esto se parecía a una película que había visto hace unas semanas,     me detuve en seco, levante la vista y me di cuenta que, había muerto en el callejón.





REVISADO POR: ANAHÍ FERNANDA RAMÍREZ CARRERA.

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