lunes, 29 de septiembre de 2014

El libro de un zapato

Por Gris García
Era un 17 de septiembre, lo recuerdo bien por que era un día muy especial. Ese día era mi primera cita para aquel trabajo que tanto anhele tener, desde pequeño soñé que era conductor de radio y en especial de la estación que escuchaban mis padres, donde solo pasaban música de the Beatles, queen, the doors, etc. Me imaginaba que yo era e locutor y solía decir.- “Que tal, estas escuchando 103.5 de FM, donde escucharas éxitos de las mejores canciones de tus bandas favoritas yo soy Abner Jiménez y quédate con nosotros”. Mis padres me decían mi pequeño Abner algún día tu serás el locutor de ese programa que tanto te gusta. Recordaba con mucho sentimiento mientras una voz dulce interrumpía aquellos recuerdos de mi infancia y decía.- señor Abner Jiménez lo están esperando, acompáñeme por favor.
Eran dos señores, uno de ellos se veía muy amable y te inspiraba confianza y el otro al contrario se veía muy amargado y me decía con un tono de voz muy fuerte.- Bien, así que tu eres Abner (pauso por un momento) yo respondí algo tímido .- si, mm así es señor. Hubo un momento de silencia hasta que el señor amable se presento. Hola, Buenos días, mi nombre es Rubén García y yo era el locutor de esta estación, me da mucho gusto que hay personas que escuchen mi estación así que… un tosido interrumpió a Rubén y dijo.- bueno, estamos aquí para ver si eres digno del puesto, no para charlar de cosas sin importancia. Así que veamos por que quieres el trabajo.

Bueno, la verdad desde pequeño siempre soñé con ser locutor de esta estación de radio, estudie en la universidad de Puebla, después conseguí un trabajo de medio tiempo en una estación y…

Fui interrumpido por aquel señor tan enojón de nombre Irving.

Irving.- ¡que conmovedor! (lo dijo con un tono sarcástico) nosotros te llamamos, gracias por venir.

Me levante, me despedí y di las gracias por a verme escuchado. Al salir de la oficina pase por un pasillo donde entraba demasiada luz, logre notar que había una planta algo grande, con unas florecitas rosas, la observe por unos minutos y me quede pensando sobre lo que había pasado allá adentro.

No lo podía creer que una persona me tratara con tal crueldad, trate de ver el lado positivo pero no pude, pensé que seria fácil llegar y decir por que quería el trabajo y zas! Que ese trabajo fuera mío. Me decepcione un poco, solo me quedaba salir con la frente en alto y ser afortunado por que me consideraron para este empleo.

Salí del edificio y camine hasta mi coche aquel beetle color rojo brillante, abrí la puerta, me subí y maneje hasta la casa de mi hermana menor Emily, que celebraba el cumpleaños del pequeño Eduardo.

En todo el camino recordé lo que había pasado y pensé por que no le respondi, pensé en tantas cosas pero trate de despejar mi mente.

Al llegar a casa de mi hermana el pequeño Eduardo corrió hacia mi y me abrazo y dijo.- ¡llego mi tío favorito el mejor del mundo!

No pude evitar poner mi cara de tristeza, abrase a lalito y le dije así es enano, muchas felicidades.

Deje a Eduardo para que corriera por toda la casa, cuando recibí una llamada era Rubén García y me decía .- Hola Abner, llamaba para decirte que fuiste seleccionado para dirigir el programa, muchas felicidades, pero antes tienes que escribir una historia de algo que fue muy significativo en tu vida. Gracias, respondí con mucha emoción, así que pensé y pensé hasta que llego a mi mente algo que sin duda dejo una huella en mi vida.

No pude evitar pensar en aquel par de zapatos color café con agujetas negras que usaba mi padre, los recuerdo tan bien por que eran los zapatos favoritos que el ocupaba para darme algún golpe. Siempre trate de portarme bien pero algo pasaba, como aquel accidente de la goma de mascar en el cabello rojo y corto de la maestra Angélica. Uy, ese día mi padre me dio un par de golpes con aquellos zapatos y me dijo.- Cuando será el día que este par de zapatos ya no los utilice para pegarte y bueno, tuvo que esperar 24 años para eso, me sorprendía que los conservara tan cuidados como cuando era chico.

Los recuerdos con mucha ternura, coraje y tristeza, pero sin duda fueron parte de mi vida.

Y así escribo esta pequeña historia de aquel par de zapatos, unos zapatos especiales para mí y los favoritos de mi padre.

Al entregar mi historia, el señor Irving se rio, y dijo bienvenido chico, excelente historia, la contaras en tu primer programa de radio.

Ahora mismo iré a aquella cabina para empezar con mi primer día de trabajo.







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